Maria Antònia Canals y los detalles. 1

Unas batas infantiles colgadas en un aula imaginaria

Este verano he hecho muchas cosas bonitas, espero que tú también. Iré contando por aquí -a su debido tiempo- las que más tengan que ver con las matemáticas, lo prometo. Hay una que no quiero esperar para contarte y es la visita que hice a Maria Antònia Canals en Girona, donde vive.

No es la primera vez que hablo de Maria Antònia Canals (I y II) tampoco será la última -porque ya estoy preparando otra entrada- pero es que la Maestra es muy grande, y las 4 horas que pasé este agosto con ella dieron mucho de sí.

Hoy voy a contarte una historia que creo que nos viene muy bien ahora que empieza el curso, porque nos habla de los detalles, de las rutinas, de cosas bonitas, y de las matemáticas que no se explicitan pero están ahí.

Maria Antònia Canals se licenció en matemáticas y se graduó como maestra, y tras dar clase un tiempo en institutos, y colegios, decidió dedicarse a los más pequeños -y desfavorecidos- montando una escuela infantil -parvulario se decía entonces- en un barracón anexo a una iglesia del barrio de Verdum en Barcelona; en un momento histórico en el que llegaban centenas de familias humildes a poblarlo. Aquel barracón acabó convirtiéndose en la Escola Ton i Guida (Hansel y Gretel, en adaptación al catalán). Un relato muy completo, y muy bien contado, lo puedes encontrar en la Tesis Doctoral de María Sotos Serrano, se puede consultar aquí. Parte de éste relato y una interesante reflexión sobre su relación con la Didáctica de las Matemáticas, aquí. Yo tuve la suerte de que Maria Antònia Canals me contara en persona algunas de las partes de este relato, las que mejor recuerda, con una memoria pródiga en detalles, teniendo en cuenta que tiene 88 años, y los hechos que cuenta ocurrieron hace casi 6 décadas.

Imagen del barracón en el que se ubicaba Ton i Guida

Pude escuchar por boca de Maria Antònia el relato de la visita que a su barracón le hicieron su amiga Marta Mata acompañada de Alexandre Galí. El señor Galí fue pedagogo e historiador, es un personaje clave para entender la introducción de las pedagogías activas en Cataluña a principios del siglo XX. La visita impresión muchísimo a Maria Antònia Canals, que le tenía muy gran admiración. Tal vez por esa admiración, cuando Galí le pidió ir al baño, Maria Antònia se quedó preocupada. Galí volvió del baño y continuó, circunspecto, su visita. Maria Antònia estaba preocupada, Galí había abandonado años atrás la metodología Montessori y ella -por aquel entonces- era Montessoriana estricta, pero esa es otra historia y la contaremos en otra ocasión. Antes de despedirse, Galí le dijo:

-Le felicito.

-¿Por qué si no me ha visto trabajar?

-Porque he mirado y visto lo que quería ver. He pedido ir al aseo no porque tuviera ganas, sino para ver cómo estaba, y no había agua por el suelo, y por eso le felicito. También porque todas las batas están en su sitio, cada niño sabe cuál es su bata y cuál es su sitio. Además, ningún niño ha dejado las mangas del revés. También porque despedías a cada niño por su nombre. Y eso es lo más importante.

Analicemos primero los motivos que menciona Galí para felicitarle. Está hablando de hábitos, de convivencia, de respeto. Las rutinas tienen también una lectura en clave matemática, pero mucho antes que eso, tienen esa presencia discreta que modela las bases del pensamiento, no solo del lógico-matemático, desde lo más vivencial y significativo: el día a día. Pero lo que creo que es más importante -y quiero poner por delante- es una escuela que no sólo enseña, sino que educa. Mucho más que un detalle.

Que no hubiera agua en el suelo era sinónimo de que los niños se comportaban con respeto, con orden y no de forma atolondrada. Que cada bata estuviera en su sitio iba un poco más allá. Los niños pequeños reconocían sus nombres y sus espacios, y establecían la correspondencia uno a uno. Las mangas del derecho y no del revés implica entender que la prenda tiene dos caras, además de dos mangas. Colocarse la bata bien precisa de dominio del esquema corporal, de las simetrías, del arriba y el abajo. Cuando en la rutina diaria incorporamos el saludar y despedirnos de cada niño por su nombre vamos mucho más allá del respeto; le estamos diciendo que es una persona, que nos importa, que le reconocemos, que no es un objeto. Seguro que me dejo muchas cosas, no soy educador de infantil, te animo a que me lo cuentes en los comentarios.

María Antònia Canals y el autor, verano de 2019

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